EL TERREMOTO DE 1746
"LIMA TUS PECADOS SON TU RUINA".
EL TERREMOTO DE 1746 Y LA MENTALIDAD RELIGIOSA
Contreras Badajoz-Ray (*)
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Un viernes 28 de Octubre, día de procesiones por la fiesta de de San Judas y San Simón, a las 10:30 de la noche se dio la estrepitosa sacudida telúrica. Muchos arrojados de sus camas corrieron a las calles, plazas, plazuelas, huertos e iglesias. Entre tanto otros corrían despavoridos a los "cuartos de temblores" y "ranchos de refugio". Cientos quedaron aplastados por la paredes y balcones en su deseo exasperado de librarse de la muerte. Con el tambaleo de la tierra las calles se cerraban por el derrumbe de las edificaciones. Por los gritos desesperados de clemencia a Dios y el polvo elevado de las construcciones de quincha derribadas muchos creyeron que se trataba del fin del mundo. Devotas mujeres en vez de escapar se pusieron a rezar interrumpiendo el paso de otros. El Puerto y el Presidio del Callao, media hora despues sufría el embate de las gigantescas olas causadas por un maremoto, arrasando con todo lo que quedaba en pie.
Sugestivo es disertar sobre la mentalidad religiosa limeña su comportamiento frente a los movimientos telúricos. La interpretacion del pecado, como la causa de los terremotos, y de la idea concebida de "el desastre mayor", llevó a los pobladores expresar su mentalidad. Así es como se registra las penitencia publicas con azotes; recorrido de las calles por religiosos con pesadas cruces, coronas de espinas y seguida por una feligresía multisectorial con ceniza en la frente, autoflagelándose, otros con llantos que invitaban a la compasión. La orden franciscana destacó por las mas crueles penitencias.
Los clérigos frailes hacían gala con los sermones congregando miles de creyentes para invocar a los actos de contrición. Había una mayor solicitud de sacerdotes para las confesiones, algunos gritaban sus pecados publicamente. Con tan solo ser escuchados o tocar sus hábitos creían poner "sus almas en carrera de salvacion".
Ante los sucesivos temblores, los religiosos invocaban a las rogativas con las procesiones, así como las reliquias de Santos como Santa Rosa y San Francisco Solano, Patrones de Lima, cuyos huesos fueron sacados de las urnas de vidrio y llevados a la plaza Mayor. De igual modo las imágenes religiosas como de Santa Clara, San Roque, Virgen del Rosario, La Merced, Cristo Crucuficado, etc. Se debía aplacar la ira Divina, entendiendo los terremotos como la plaga mayor de Dios.
El terremoto de 1746 y los sucesos cotidianos se muestra como modelo de las altitudes de los peruanos ante un sismo en la colonia. Nos lleva a reflexionar sobre la efectividad de los sermones como mecanismo de cristianizar y para ello aplicando metáforas bíblicas relacionadas con la ciudad y su destrución. También comprender la complejidad de conductas de los moradores, individual y colectivo, asociados a la predisposición y mal interpretación de los relatos bíblicos. Sectores sociales no bien definidos tenían una manera singular de entender los orígenes de los sismos. Se sabe que las clases más empobrecidas tendían a ser más imaginativos, ante los sermones, con las explicaciones eclesiásticas, incrementando aun más el temor en su vida cotidiana. Algunos sectores más letrados, cultos, empezaban a poner en tela de juicio las ideas providencialistas sobre un terremoto e intentaban argumentarlo con ideas racionalistas que principiaban en el Virreinato Peruano.
EL TERREMOTO DE 1746 Y LA MENTALIDAD RELIGIOSA
Contreras Badajoz-Ray (*)
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Un viernes 28 de Octubre, día de procesiones por la fiesta de de San Judas y San Simón, a las 10:30 de la noche se dio la estrepitosa sacudida telúrica. Muchos arrojados de sus camas corrieron a las calles, plazas, plazuelas, huertos e iglesias. Entre tanto otros corrían despavoridos a los "cuartos de temblores" y "ranchos de refugio". Cientos quedaron aplastados por la paredes y balcones en su deseo exasperado de librarse de la muerte. Con el tambaleo de la tierra las calles se cerraban por el derrumbe de las edificaciones. Por los gritos desesperados de clemencia a Dios y el polvo elevado de las construcciones de quincha derribadas muchos creyeron que se trataba del fin del mundo. Devotas mujeres en vez de escapar se pusieron a rezar interrumpiendo el paso de otros. El Puerto y el Presidio del Callao, media hora despues sufría el embate de las gigantescas olas causadas por un maremoto, arrasando con todo lo que quedaba en pie.
Sugestivo es disertar sobre la mentalidad religiosa limeña su comportamiento frente a los movimientos telúricos. La interpretacion del pecado, como la causa de los terremotos, y de la idea concebida de "el desastre mayor", llevó a los pobladores expresar su mentalidad. Así es como se registra las penitencia publicas con azotes; recorrido de las calles por religiosos con pesadas cruces, coronas de espinas y seguida por una feligresía multisectorial con ceniza en la frente, autoflagelándose, otros con llantos que invitaban a la compasión. La orden franciscana destacó por las mas crueles penitencias.
Los clérigos frailes hacían gala con los sermones congregando miles de creyentes para invocar a los actos de contrición. Había una mayor solicitud de sacerdotes para las confesiones, algunos gritaban sus pecados publicamente. Con tan solo ser escuchados o tocar sus hábitos creían poner "sus almas en carrera de salvacion".
Ante los sucesivos temblores, los religiosos invocaban a las rogativas con las procesiones, así como las reliquias de Santos como Santa Rosa y San Francisco Solano, Patrones de Lima, cuyos huesos fueron sacados de las urnas de vidrio y llevados a la plaza Mayor. De igual modo las imágenes religiosas como de Santa Clara, San Roque, Virgen del Rosario, La Merced, Cristo Crucuficado, etc. Se debía aplacar la ira Divina, entendiendo los terremotos como la plaga mayor de Dios.
El terremoto de 1746 y los sucesos cotidianos se muestra como modelo de las altitudes de los peruanos ante un sismo en la colonia. Nos lleva a reflexionar sobre la efectividad de los sermones como mecanismo de cristianizar y para ello aplicando metáforas bíblicas relacionadas con la ciudad y su destrución. También comprender la complejidad de conductas de los moradores, individual y colectivo, asociados a la predisposición y mal interpretación de los relatos bíblicos. Sectores sociales no bien definidos tenían una manera singular de entender los orígenes de los sismos. Se sabe que las clases más empobrecidas tendían a ser más imaginativos, ante los sermones, con las explicaciones eclesiásticas, incrementando aun más el temor en su vida cotidiana. Algunos sectores más letrados, cultos, empezaban a poner en tela de juicio las ideas providencialistas sobre un terremoto e intentaban argumentarlo con ideas racionalistas que principiaban en el Virreinato Peruano.
* Texto publicado en la Biblioteca Virtual de la UNMSM.
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