PABLO DE OLAVIDE
Pablo de Olavide es el peruano más reconocido en la historia de España, tanto que una prestigiosa universidad de Sevilla lleva su nombre. En nuestro país es casi un desconocido, a pesar de haber sido el único peruano que gozó de la admiración y la amistad de grandes sabios del siglo XVIII como Voltaire, Diderot y d'Alembert. También fue condecorado como Ciudadano de Honor por el gobierno de Maximiliano Robespierre. A continuación una breve semblanza de su intensa biografía.
Nació en Lima en 1725, en el seno de una familia acomodada económica y socialmente. Dueño de una inteligencia precoz se convirtió en Licenciado y Doctor en Teología por la Universidad de San Marcos, a los 15 años, y respaldado por influyentes familiares y maestros llegó a ser juez de la Real Audiencia de Lima a los 20 años. Después del terremoto de 1746 se envolvió en deudas y juicios que lo llevaron a huir para hacer una nueva vida en España, a donde llegó en 1750. Antes de los 30 años se casó con una acaudalada viuda de 50 años y reactivó sus negocios; esto le permitió viajar por casi todos los países de Europa entre 1757 y 1765. Estando en Francia se alimentó de las fuentes de la ilustración y el racionalismo. Sus dotes intelectuales le permitieron contactar con varios autores de la famosa Enciclopedia, incluso fue hospedado por Voltaire en su famosa residencia de "Les Délices".
Regresó a España cargado de cientos de libros de filosofía, política y ciencia del Siglo de las Luces, muchos de ellos prohibidos por la Inquisición. Siguió adquiriéndolos y el Santo Oficio en 1768 detectó la adquisición de 29 cajas de libros franceses, con un total de 2.400 volúmenes, por lo que empezó a ser hostilizado por los implacables inquisidores.
Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767, fue llamado para asesorar al Conde de Aranda, el poderoso ministro ilustrado del Rey Carlos III. Luego hizo un excelente trabajo como Director del Hospicio de Madrid, Intendente de Andalucía y Asistente de la Ciudad de Sevilla. Es recordado por su excelente administración, su política a favor de la salud y su protección de la ciencia, el arte y las humanidades. Sin embargo también tenía enemigos. En 1775 la Santa Inquisición lo enjuició formalmente. El clero no le perdonó haber expulsado a los sacerdotes de las cátedras universitarias. En la sentencia de 1778 se le condenó al exilio por "hereje, infame y miembro podrido de la Religión".
Vivió en Francia desde 1779 hasta 1796. Fue bien recibido por sus admiradores, entre ellos Voltaire quien le dijo personalmente: "Vos y cuarenta como vos necesita España". Fue testigo del estallido de la Revolución Francesa en 1789. Al inicio fue tratado con respeto, sin embargo, en 1794, en los convulsos meses del Gobierno del Terror fue acusado de conspirar con la nobleza y estuvo encarcelado durante nueve meses con riesgo de ser guillotinado. Afortunadamente fue liberado y el rey Carlos IV de España le permitió regresar a Andalucía donde falleció en 1803.
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