30/08/2007

"BUSCANDO UN INCA" de Alberto Flores Galindo

Por Jorge Coaguila

Desde la caída del imperio incaico, muchos movimientos se han empeñado en restaurarlo. En su ensayo Buscando un inca. Identidad y utopía en los Andes (1986), Premio Casa de las Américas, el historiador Alberto Flores Galindo analiza estas tentativas.
La conquista del imperio incaico produjo un impresionante descenso demográfico. El investigador Noble David Cook asegura que los indígenas en 1530 sumaban aproximadamente nueve millones, una década después llegaban a 2.188.626. Enfermedades como la viruela y el sarampión contribuyeron a tal mortandad. Para los indígenas, la desaparición del Incario sacudió su cosmovisión, transformó su identidad. «Inca significa idea o principio ordenador», asegura Flores Galindo.
Poco antes, el pensador inglés Tomás Moro, en su relato satírico Utopía (1516), creó una república ideal en una isla de ficción. Murió decapitado por su enfrentamiento con el rey Enrique VIII. Durante la conquista, mientras los españoles buscaban el mítico lugar El Dorado, imperio abundante en oro, los indígenas querían el retorno del Tahuantinsuyo. La resistencia incaica se trasladó a la selva. El último soberano que se refugió en Vilcabamba, Túpac Amaru, fue ajusticiado por orden del virrey Francisco de Toledo en la Plaza Mayor de Cuzco en 1572.
Las rebeliones más importantes ocurren en el siglo XVIII. Considerándose sucesor del inca asesinado en Cajamarca en 1533, Juan Santos Atahualpa se enfrentó al régimen colonial desde el Gran Pajonal, selva central, de 1742 a 1776, año de su misteriosa muerte. Por su parte, José Gabriel Condorcanqui cambió su nombre por el de Túpac Amaru II, en honor a un célebre antepasado suyo, al último inca que gobernó desde Vilcabamba. La rebelión que lideró pretendía expulsar a los españoles, restituir el imperio incaico y formar un nuevo «cuerpo político» donde convivieran criollos, mestizos, negros e indígenas. Luego de su captura fue descuartizado en 1781.
En esta historia, lo paradójico es que un criollo, el minero Gabriel Aguilar, soñó con la restauración de una monarquía incaica, pero su conspiración se frustró por una infidencia de uno de sus allegados. Quería reconstruir un imperio justo, una revolución sin violencia, embarcar a todos los españoles para evitar una carnicería, algo imposible. Lo acompañaba en su aventura el abogado Manuel Ubalde, criollo, de clase media y de origen provinciano como él. Ambos, por las calles del Cuzco, buscaban afanosamente a un inca como rey. Fueron ahorcados en 1805.
Todas las tentativas fracasaron. Durante el periodo republicano, la idea de restaurar el Tahuantinsuyo se debilitó. Es más, el libertador José de San Martín proyectó una monarquía regentada por un descendiente de los Borbones, dinastía vinculada a varios tronos europeos. Esto no lo menciona Flores Galindo, pero es importante señalarlo.
En cambio, el historiador considera que la búsqueda de un inca se encuentra también en las luchas de montoneros, las revueltas campesinas de la década de 1920 en el sur andino y el levantamiento armado de Sendero Luminoso. En su ensayo acerca del indigenismo, La utopía arcaica (1996), Mario Vargas Llosa critica este desvío: «Entre el mesianismo maoísta y el género de sociedad que proponían Abimael Guzmán y sus seguidores y el ideal del restablecimiento del Incario media la distancia que hay entre China y Perú». Las motivaciones son completamente distintas. Flores Galindo se aparta de la tesis central de su libro.
Hay algunos símbolos incaicos que perviven. La relación de algunos políticos con el Tahuantinsuyo es curiosa. El presidente Augusto B. Leguía, durante el Oncenio (1919-1930), inauguró un monumento al mítico fundador Manco Cápac, ofrecía algunos discursos en quechua pese a desconocer esta lengua e instaló el 24 de junio como el Día del Indio. Además, se hizo llamar Wiracocha. En los años de clandestinidad, el líder aprista Haya de la Torre empleó el seudónimo de Pachacútec y su refugio era conocido como Incahuasi, es decir, la casa del inca. Poco antes de ascender a la Presidencia, Alejandro Toledo se enfrentó a la dictadura de Alberto Fujimori con una «marcha de los cuatro suyos», una protesta desde las regiones del Incario. Asimismo, el símbolo de su partido es una chacana y sus seguidores lo llamaban Pachacútec.
El 1 de enero de 2005, Antauro Humala, mayor retirado de origen ayacuchano, se levantó en armas en Andahuaylas contra el actual régimen. Entre sus propuestas, buscaba volver al Tahuantinsuyo y reivindicar la raza cobriza. Homofóbico y xenófobo, empleaba símbolos andinos como la supuesta bandera de los incas, el cóndor y la chacana.
¿Por qué retornar al Tahuantinsuyo? Desde las aulas escolares se cree que el Incario fue una sociedad equitativa, justa, armónica, en la que reinaba la abundancia, no existía hambre y que constituye, por lo tanto, «paradigma del mundo actual», lo inverso del Perú contemporáneo. En realidad, tuvo algo de eso, pero fue también un régimen autoritario, tiránico, belicista, expansionista, feroz con los opositores difíciles de vencer. Obligaba a algunos de sus habitantes, mitimaes, a trasladarse a comarcas ajenas por fines políticos y administrativos. Sometía a los yanaconas a una situación semejante a la esclavitud.
Practicaba también el sacrificio humano. Es cierto que algunos casos hasta hace poco no eran conocidos, como el de La Dama de Ampato, descubierta en 1995, una adolescente de 14 años que murió, ofrendada a una divinidad andina, de un golpe de macana, una de cuyas puntas penetró 6 centímetros en el parietal derecho. Al inca solo los nobles podían dirigirle la palabra. Las súbditas que lo rodeaban debían recoger en sus palmas la saliva que escupía o tragar el cabello que se le caía, para evitar hechicerías. Sin duda, las desgracias traídas por los conquistadores españoles –hambruna, saqueo, genocidio– fueron mayores que las acarreadas por los incas para que muchos pensaran en el retorno del Incario.
Mientras la primera edición cuenta con siete ensayos, la definitiva, la de 1988, tiene 12. Lamentablemente nadie ha reparado graves errores. El famoso libro del valenciano Joanot Martorell es Tirant lo Blanc (1490) y no Tirant lo Blanch. El indígena Felipe Guaman Poma de Ayala escribió Nueva corónica y buen gobierno (1615) y no Nueva crónica y buen gobierno. Además, su apellido no es Huamán. La novela póstuma de José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, se publicó en 1971 y no en 1969. Si se toman las numerosas erratas, la reciente publicación es execrable. Lo mínimo que se le pide a un historiador, para ser respetable, es que ofrezca información exacta.
La poca autoestima de algunos hace pensar que los incas pertenecen a una raza exterminada, que estos no tienen nada que ver con los indígenas de hoy, y que algunas maravillas arquitectónicas como Machu Picchu son obras de extraterrestres. Lo cierto es que la aristocracia indígena se disgregó después de la derrota de Túpac Amaru II. Así, «indio y campesino fueron sinónimos», afirma Flores Galindo.Muchos mestizos creen que el atraso del Perú es por culpa de los indígenas, que el país sería mejor sin ellos, tímidos, recelosos, supersticiosos, resignados, huraños, ignorantes. Acabar con la larga noche de marginación es posible, pero adaptándonos al mundo moderno, con el desarrollo económico. Intentar volver al Tahuantinsuyo es un anacronismo, es marginar a otras etnias, como las selváticas y europeas, extrañas para los incas. Esta nación es tierra para todas las razas.

19/08/2007

EL TERREMOTO DE 1746

"LIMA TUS PECADOS SON TU RUINA".
EL TERREMOTO DE 1746 Y LA MENTALIDAD RELIGIOSA


Contreras Badajoz-Ray (*)
Universidad Nacional Mayor de San Marcos


Un viernes 28 de Octubre, día de procesiones por la fiesta de de San Judas y San Simón, a las 10:30 de la noche se dio la estrepitosa sacudida telúrica. Muchos arrojados de sus camas corrieron a las calles, plazas, plazuelas, huertos e iglesias. Entre tanto otros corrían despavoridos a los "cuartos de temblores" y "ranchos de refugio". Cientos quedaron aplastados por la paredes y balcones en su deseo exasperado de librarse de la muerte. Con el tambaleo de la tierra las calles se cerraban por el derrumbe de las edificaciones. Por los gritos desesperados de clemencia a Dios y el polvo elevado de las construcciones de quincha derribadas muchos creyeron que se trataba del fin del mundo. Devotas mujeres en vez de escapar se pusieron a rezar interrumpiendo el paso de otros. El Puerto y el Presidio del Callao, media hora despues sufría el embate de las gigantescas olas causadas por un maremoto, arrasando con todo lo que quedaba en pie.

Sugestivo es disertar sobre la mentalidad religiosa limeña su comportamiento frente a los movimientos telúricos. La interpretacion del pecado, como la causa de los terremotos, y de la idea concebida de "el desastre mayor", llevó a los pobladores expresar su mentalidad. Así es como se registra las penitencia publicas con azotes; recorrido de las calles por religiosos con pesadas cruces, coronas de espinas y seguida por una feligresía multisectorial con ceniza en la frente, autoflagelándose, otros con llantos que invitaban a la compasión. La orden franciscana destacó por las mas crueles penitencias.

Los clérigos frailes hacían gala con los sermones congregando miles de creyentes para invocar a los actos de contrición. Había una mayor solicitud de sacerdotes para las confesiones, algunos gritaban sus pecados publicamente. Con tan solo ser escuchados o tocar sus hábitos creían poner "sus almas en carrera de salvacion".

Ante los sucesivos temblores, los religiosos invocaban a las rogativas con las procesiones, así como las reliquias de Santos como Santa Rosa y San Francisco Solano, Patrones de Lima, cuyos huesos fueron sacados de las urnas de vidrio y llevados a la plaza Mayor. De igual modo las imágenes religiosas como de Santa Clara, San Roque, Virgen del Rosario, La Merced, Cristo Crucuficado, etc. Se debía aplacar la ira Divina, entendiendo los terremotos como la plaga mayor de Dios.

El terremoto de 1746 y los sucesos cotidianos se muestra como modelo de las altitudes de los peruanos ante un sismo en la colonia. Nos lleva a reflexionar sobre la efectividad de los sermones como mecanismo de cristianizar y para ello aplicando metáforas bíblicas relacionadas con la ciudad y su destrución. También comprender la complejidad de conductas de los moradores, individual y colectivo, asociados a la predisposición y mal interpretación de los relatos bíblicos. Sectores sociales no bien definidos tenían una manera singular de entender los orígenes de los sismos. Se sabe que las clases más empobrecidas tendían a ser más imaginativos, ante los sermones, con las explicaciones eclesiásticas, incrementando aun más el temor en su vida cotidiana. Algunos sectores más letrados, cultos, empezaban a poner en tela de juicio las ideas providencialistas sobre un terremoto e intentaban argumentarlo con ideas racionalistas que principiaban en el Virreinato Peruano.


* Texto publicado en la Biblioteca Virtual de la UNMSM.

18/08/2007

VIRREY CONDE DE LEMOS

Pedro Antonio Fernández de Castro (Madrid 1633-Lima 1672) *

XIX virrey del Perú. H. de Francisco Fernández de Castro Andrade y Portugal, IX conde de Lemos, y Antonia Téllez Girón. Como heredero de un antiguo linaje, debió educarse a la usanza caballeresca; y de ello dan fe ciertas informaciones cortesanas sobre su apelación a las armas y su consiguiente prision en el Alcázar de Segovia primero, y luego en el Castillo de Odón, próximo a Madrid (1664). Oportunamente perdonado, casó con Ana de Borja y Doria (20-VII-1664). Moderó entonces los excesos de su vida juvenil; pero la lujosa instalación de su casa y los alardes dispendiosos de sus costumbres mermaron considerablemente su fortuna, y lo movieron solicitar un empleo. Nombrado virrey, gobernador y capitán general del Perú (21-X-1666), salio a Cádiz (3-III-1667), hizo reconocer su autoridad en Panamá (1-VII-1667) e hizo su entrada oficial a Lima el 21-X-1667. Alarmado por los disturbios que desde hacía varios años promovían en Laicacota los hermanos Gaspar y José Salcedo, confió el gobierno a su esposa (30-V-1668), en armonía con una prudente autorización consignada en su nombramiento. Se embarcó en el Callao (7-VI-1668) tomó tierra en Islay e inmediatamente siguió a la ciudad de Arequipa, donde fue recibido el 16-VII; y la sola noticia de su aproximación desconcertó a los levantiscos mineros. Hizo ejecutar a 42, por cuyas almas ordenó 1.260 misas (11-X1668); condenó en rebeldía a 72; y 2.000 fugaron atemorizados. Arrasó las 3.000 casa de la población y trasladó ésta a San Carlos, hoy Puno (9-IX-1668). Visitó luego el santuario de Copacabana, donde presidió tres días de rogativas; y pasó a Cuzco (24-X-1668). Devuelta en Lima (3-XII), intentó favorecer a los indios evitando los abusos que contra ellos se cometían en las mitas y demás trabajos, y procurando su instrucción religiosa. Suspendió las oposiciones previstas por las constituciones de la U. M. de San Marcos para la provisión de cátedras, a fin de poner coto a los incidentes tumultuosos que promovían los partidarios de los opositores, y planteó la conveniencia de una reforma general del claustro. Hizo construir la iglesia de los Desamparados, cuyo piso barría cotidianamente y a la cual legó su corazón. Fue escrupuloso en la administración de la real hacienda, y para fomentar el beneficio de la plata, cauteló la extracción de los azogues de Huancavelica, notoriamente venida a menos en los años anteriores a su mandato. Y así como se mostró severo ante las demasías de los poderosos, fue piadoso y caritativo con los humildes. Murió el 6-XII-1672.

* Tomado de la Enciclopedia Ilustrada del Perú de Alberto Tauro del Pino.

EL VIRREY DUQUE DE LA PALATA

NAVARRA Y ROCAFULL, Melchor (¿?-Portobelo 1691) *

XXII Virrey del Perú. Cursó estudios en el colegio Mayor de San Salvador, de la U. de Oviedo y luego en la U. de Salamanca. Nombrado asesor de Aragón, paso sucesivamente a los consejos de Estado y de guerra en Nápoles e Italia, promoviéndosele al cargo de vicecanciller y presidente de Real Consejo de Aragón. Integró entonces la junta que gobernó España durante la minoría de Carlos II. A mérito de tan brillante trayectoria se le confió el gobierno del virreinato del Perú (24-IX-1680).

Se embarco en Cádiz (28-I-1681); demoro en su ruta para dictar previdencias enderezadas a la defensa contra los piratas y llegado a Paita (IX-1681), siguió por tierra su viaje hacia Lima. Tomo posesión del gobierno el 7-XI-1681, ejerciéndolo hasta el 15-VIII-1689. Llevo a cabo un censo de los indios para efectuar un nuevo reparto de los que debían servir en la mita de Potosí, y para remediar su notoria disminución en lo pueblos próximos a dicho asiento, extendió la obligación pertinente aun a los de Canas y Canchis. Restableció la Casa de Moneda de Lima (1683), que en 1572 había sido suprimida.

Piratas ingleses, comandados por Eduardo Davis, saquearon e intimidaron a los pueblos de la costa, sin que hubiera fuerza suficiente para contener sus depredaciones (1686) y, al tiempo que los comerciantes armaban naves para perseguirlos, el virrey iniciaba la edificación de murallas en torno a Lima y Trujillo mediante la contribución de los gremios, las instituciones y los pueblos.

Pero aquella obra fue destruida por un violento terremoto (20-X-1687) que sembró la ruina en Lima y Callao, e incluso el propio virrey hubo de pasar más de dos meses bajo una toldería armada en la Plaza de Armas. Después de entregar el gobierno al Conde de la Moncloa (15-VIII-1689), demoro largamente su retorno a España, sorprendiéndole la muerte en Portobelo (13-IV-1691).

* Tomado de Enciclopedia Ilustrada del Perú de Alberto Tauro del Pino.

AREQUIPEÑOS ILUSTRES

ILUSTRES AREQUIPEÑOS A LA ALTURA DE SU TIERRA
Por Gessler Ojeda

En la época de la colonia, algunos seminarios se convirtieron en centros de adiestramiento para rebeldes y líderes de la revolución. En Arequipa Juan Pablo Vizcardo y Guzmán estudió con los jesuitas y Mariano Melgar en el colegio San Jerónimo. Ninguno llegó a sacerdote, el primero porque fue deportado y el segundo, por falta de vocación, pero sobre todo porque fue traicionado por su corazón inquieto, enamorado de su niña “Silvia”.

Los personajes ilustres de Arequipa llenan enormes listados. Hay héroes de la rebelión, poetas, escritores, sacerdotes, pintores, científicos y destacados presidentes de la República que fueron fundamentales, no sólo para la historia de Arequipa y el Perú, sino también para el mundo.

Pedro Paulet (1874), por ejemplo, no había cumplido aún los 12 años cuando creó sus propios y primitivos cohetes. Taconeaba pólvora extraída de juegos de artificio pueblerino en canutos de carrizo, los ataba fuertemente con pitas de cáñamo y les añadía rudimentarias redes hechas con piedras, fierros o pedazos de metal, para definir la correlación del explosivo con el peso y determinar así la propulsión y la velocidad del artefacto. Fue uno de los pioneros de la era espacial.

Nicolás de Piérola, nacido en Arequipa un viernes 5 de enero de 1839, fue fundamental en la vida democrática del país. Cuando el guano se explotaba por intermediarios y los presidentes se elegían directamente, el arequipeño fue ministro de Hacienda en el gobierno de José Balta (1869) consiguió el nuevo contrato Dreyfus y con él, el Perú empezó a vender, sin intermediarios uno de sus recursos más valiosos de la época, el guano. Como presidente rediseñó la estructura del estado e introdujo el voto popular para elegir a los presidentes, aunque sólo votaban los que contribuían.

José Luis Bustamante y Rivero, el abogado internacionalista se convirtió en el ideólogo de Luis Migue Sánchez Cerro para el golpe de estado contra el autoritario Augusto B. Leguía terminado así, con un oncenio cuestionado en la historia. Cuando Bustamante fue presidente, a los 53 años, en 1947, consiguió la ley de las 200 millas.

Juan Landázuri Ricketts, (1913-1997) fue uno de los cardenales con mayor vigencia en la iglesia católica del Perú. Fue arequipeño y condujo a la comunidad católica del país por 35 años desde el máximo sitial en la catedral de Lima, alternó con siete presidentes de la república, desde Sánchez Cerro hasta Fujimori. Aunque su sueño siempre fue ser marino, pero una miopía fue el argumento para dedicarse a otro de sus anhelos, la vida católica.

EL AGENTE SECRETO
Cuando Juan Pablo Vizcardo y Guzmán fue deportado, tenía 19 años. Entre los jesuitas, que ya eran vistos con desconfianza, la corona española se fijó en el pampacolquino (natural de Pampacolca, provincia de Castilla) como un peligroso adversario y como no podía matar a un aprendiz de religioso, los expulsaron del país.

Estuvo en Italia, Francia e Inglaterra. Llegó a Londres en un barco de tercera clase, pero con el paso de los años consiguió convertirse en uno de los agentes secretos de la corona inglesa. Los 31 años que le restaron desde que salió del Perú, los vivió fuera, no le permitieron llegar al funeral de sus familiares y tuvo que conformarse con estar lejos, como lo hizo cuando era aún un niño y murió su padre.

El ideólogo de la revolución, escribió “Carta a los Españoles Americanos”. Les daba sentido a los rebeldes y detallaba con especial sustento las razones por las que las colonias, como el Perú, debían vivir en libertad. No sólo por cuestiones de dignidad, sino también por las ventajas económicas y sociales.

La carta que reveló su valía parea la independencia, fue escrita en francés y editada en los Estados Unidos. Un año después de su muerte, cuando tenía 50 años (1799) fue traducida al castellano. Vivió intensos años en busca de financiamiento efectivo y murió conciente que algún día su patria estaría libre.

MELGAR ES YARAVI
A los 20 años, el joven Mariano Melgar lanzó su primer grito de libertad y escapó de su propio cautiverio. El amor no correspondido, más por inocencia que por rechazo al hombre, hizo de Melgar uno de los precursores de la literatura romántica. Amaba a María Santos Corrales y Salazar su prima inocente de 13 años.

Su persistente presencia en los libros de historia destaca al poeta también como uno de los próceres de la independencia. Algunos estudiosos le atribuyen mejores dotes para las musas que para empuñar un fusil, pero su muerte por fusilamiento, después de la batalla de Umachiri (Ayaviri-Puno) quedó grabada en la eternidad.



*Publicado en el Especial de La República por el Aniversario de Arequipa (15-08-2007)

12/08/2007

EL VIRREY FRANCISCO DE TOLEDO (*)

(Oropesa 1515-Escalona 1582)

Quinto virrey del Perú. Hijo de Francisco Álvarez de Toledo y Pacheco, y María de Figueroa y Toledo, nació en julio de 1515 y murió el 21 de abril de 1582. En plena mocedad entró al servicio de Carlos V (1530) y, hasta su abdicación, lo acompañó 25 años en las alternancias militares y cortesana de su intenso reinado. Fue entonces investido con el hábito de caballero de la Orden de Alcántara (1535); intervino en las guerra de Argel e Italia; y se le designó comendador de Acebuchar (1551). Luego fue mayordomo de Felipe II y, como tal, asistente del concilio provincial efectuado en Toledo (1565).

Nombrado virrey del Perú (30-IX-1568), llegó a su destino el 26-XI-1569. Emprendió una vasta tarea de organización y, a base de un duro ejercicio de la autoridad, alcanzó a darle una adecuada estructura legal. Al efecto, llevó a cabo la visita general del Virreinato (desde 23-X-1570 hasta 20-XI-1575) y durante ella dirigió la recolección de informaciones sobre el antiguo Perú (proporcionadas por Juan Polo de Odegardo y Pedro Sarmiento de Gamboa), con el propósito de discutir la legitimidad del señorío incaico, amparó la perpetuidad de las encomiendas; reglamentó la mita y los servicios personales de indios, y dispuso la reducción de sus pueblos; dictó ordenanzas para el “buen gobierno” de las ciudades, para la recaudación de los tributos y aun para el cultivo de coca.

Envió fuerzas al reducto de Vilcabamba, para imponer a Túpac Amaru el abandono de tan inaccesible región; tras vencer su resistencia, el inca fue conducido al Cusco, acusado de presuntos delitos, juzgado sumariamente y ejecutado (14-XI-1572). Para cortar de raíz la rebeldía indígena persiguió a los miembros de la familia imperial con una crueldad que el propio Felipe II le reprochó al termino de su mandato. Favoreció la erección del Tribunal del Santo Oficio (29-I-1570), así como la implantación del Tribunal de la Santa Cruzada (1574). Proveyó la fortificación de la costa y el incremento de la armada, ante la sorpresiva incursión del pirata Francisco Drake (1579). Dispuso la secularización de la U.M. de San Marcos (12-5-1571) y aprobó la redacción de nuevas constituciones (22-IV-1581).

Y después de tan proficua labor , que lo ha hecho acreedor al título de Solón peruano, emprendió viaje (23 –XI-1581) a España, pero es fama que, al presentarse en la corte, el rey no le otorgó el reconocimiento que merecía y, desengañado, se retiró a la villa de Escalona, donde murió.

* Tomado de Encilopedia Ilustrada del Perú de Alberto Tauro del Pino.

LA YUPANA, EL ÁBACO DE LOS INCAS

La Yupana

Autor: Alberto Tauro del Pino (*)

Objeto usado para contar. El ábaco usado por los incas. Según el dibujo inserto en la crónica de Guamán Poma, poseía cinco casilleros de arriba hacia abajo, y cuatro de izquierda a derecha; y su asociación con un quipu extendido entre las manos de un quipucamayoc ha sugerido a Carlos Radicati la opinión de que este “es a todas luces, una derivación de la yupana”. Y en efecto, “la prueba más convincente de que, en el aspecto numeral el quipu es casi la fiel reproducción de la yupana se tiene el procedimiento empleado para indicar el cero recurriendo simplemente al vació; en la yupana, con la ausencia de fichas en los casilleros y, en el quipu, con la existencia de nudos a lo largo de toda la cuerda o en alguna de sus alturas.

Para el quipu esto implicó indudablemente el peligro de que se confundieran las posiciones y se atribuyeran valores equivocados a los nudos. Este inconveniente se hubiera podido evitar con la adopción de un signo especial, que, como ocurre con nuestro número 0, determinase la existencia del espacio vacío. Sabemos, sin embargo, que los incas no se valieron de este recurso, sino que prefirieron copiar fielmente el sistema del yupana. Otro aspecto de coincidencias entre quipu y la yupana lo hallamos en la capacidad que ambos ofrecen para expresar ideas extranumerales, o sea, las que no se representan mediante simples guarismos. Dicha capacidad de expresión es, por el momento, imposible de precisar, pudiendo estar reducida a una sencilla manifestación de técnica mnemónica o extenderse a un sistema de comunicación comparables a una verdadera grafía más o menos evolucionada”.

* Tomado de la Enciclopedia Ilustrada del Perú, Tomo 17, editorial Peisa, Lima 2001.

SAN JUAN DE LURIGANCHO PRE-HISPÁNICO

Vía El Comercio

SAN JUAN DE LURIGANCHO, TIERRA DE MIGRANTES.

San Juan de Lurigancho con más de un millón de habitantes es el distrito más poblado del país, superando a departamentos enteros como Ayacucho o Huancavelica. El libro Los ruricancho (Fondo Editorial del Congreso, 224 pp. Lima, 2007), del historiador Juan Fernández Valle aborda un aspecto inédito de la historia de este populoso distrito: la época en que estuvo dominado por una red de curacazgos.

Por Jorge Paredes

Es cierto que la gran ola migratoria que cambió la faz de la Lima contemporánea se inició alrededor de los años cincuenta del siglo pasado. Sin embargo, esta no fue la única ni mucho menos la primera movilización social que afectó este territorio.

Diversos investigadores -Max Uhle, María Rostworowski, Ducio Bonavia, Luis Lumbreras, entre otros- se han ocupado en diferentes trabajos de los señoríos y cacicazgos que ocuparon Lima entre los siglos XII y XV en un período de gran movilización social, provocado sobre todo por la desarticulación del imperio wari que produjo un éxodo de diversos pueblos andinos hacia los valles de la costa central.

En este tiempo -conocido como el intermedio tardío- transcurre este libro del joven historiador Juan Fernández Valle, quien rastrea el origen y destino de los ruricancho, una comunidad procedente de la sierra sur peruana, de probable origen altiplánico, que se asentó en la zona este de Lima, en el mismo lugar en que ocho siglos más tarde otros migrantes, también mayormente andinos, darían vida a los distritos de San Juan de Lurigancho y Lurigancho-Chosica.

LOS RURICANCHO

El estado wari (700 D.C a 1100 D.C) fue uno de los primeros grandes imperios sudamericanos. En su etapa de esplendor dominó no solo la sierra central y sur, sino gran parte de la costa central y norte del Perú hasta Lambayeque y Cajamarca.

Grandes guerreros, urbanistas y constructores de caminos, los wari formaron centros urbanos a lo largo de todo este territorio, que producían y tributaban para la elite ayacuchana.

Es por eso que su colapso, por motivos todavía no esclarecidos (las hipótesis van del agotamiento del sistema político hasta una serie de desastres naturales), produjo en palabras de Juan Fernández Valle un cataclismo en los andes.

Muchos pueblos sojuzgados de la sierra central y sur migraron hacia la cabecera de los valles de los ríos Rímac y Lurín, buscando nuevas tierras cultivables y la mejora de su calidad de vida. Entre estos grupos estaban los ruricancho.

Fernandez Valle cita a María Rostworowski y dice que la toma de los valles bajos de los yungas se produjo en diversas etapas, de acuerdo a un probable plan establecido, en el que primero se enviaba "espías" para analizar la situación social y luego, aprovechando las temporadas de huaycos y avalanchas, se tomaba las tierras ante la indefensión de sus habitantes originales.

Pero utilizar el término cacicazgo -opina Fernández- puede ser muy arriesgado, por eso él prefiere decir que los ruricancho fueron una comunidad, cuya organización social estaba basaba en una red de jefes o curacas, sujetos unos a otros, y encargados de números determinados de familias.

"Era un grupo homogéneo por su origen común, y porque a diferencia de otros grupos costeños y de otros que llegaron en la misma época no adoraba al dios Pachacámac, sino a Pariacaca (montaña roja), un adoratorio de difícil acceso en las alturas de la provincia de Yauyos.

Hasta ahí acudían los ruricancho cada cierto tiempo llevando pan mojado con sangre e incluso realizando sacrificios humanos. Durante la Colonia este camino será conocido como la ruta de la nieve".

Pariacaca es un personaje que figura en múltiples mitos y leyendas de Huarochirí, los cuales en el siglo XVII fueron recogidos por el padre Francisco de Ávila. Según estos relatos se trataba de un gran guerrero que en tiempos remotos había conquistado la sierra de Lima y que a su muerte había sido elevado a divinidad representando las lluvias torrenciales, los huaycos y el rayo.

También se refiere que su hijo Tutayquire, otro gran guerrero y conquistador, dominó las vertientes de los ríos Lurín y Rímac en un ataque sorpresivo contra el pueblo yunga. "Por eso, los ruricancho se consideraban herederos de estos dioses", dice Fernández Valle, "y específicamente dominaron los territorios que hoy conforman San Juan de Lurigancho, Lurigancho-Chosica, Santa María de Huachipa, Santa Eulalia y Ricardo Palma, en la sierra de Lima".

EL PUEBLO DE LOS SEÑORES

Los centros urbanos más importantes de esta comunidad estuvieron ubicados en Mangomarca y Campoy. Juan Fernández Valle cuenta que Mangomarca era una ciudad de grandes paredes de adobe, extendida por la quebrada del mismo nombre, y cercada por cerros en forma de U. Ahí vivían los curacas y la elite religiosa del grupo.

De la ciudad queda hoy (en la avenida El Santuario) una pirámide trunca escalonada, que se caracteriza por su rampa curva. Se estima que el máximo esplendor de este poblado ocurrió entre los años 1460 y 1535, ya en tiempos de dominio inca.

LA ENCOMIENDA, LA REDUCCIÓN Y EL FIN

De acuerdo a lo propuesto por Juan Fernández Valle el nombre Ruricancho devino tempranamente en la Colonia en Lurigancho por un error en la transcripción de la palabra oral.

En 1535 Pizarro fundó en la zona la encomienda de Lurigancho, que fue entregada a Hernán Sánchez y un año después pasó, junto a su curaca Vilcara, a poder del capitán Francisco de Chávez. Sin embargo, la encomienda fracasó rápidamente debido a litigios entre sus propietarios: la viuda de Chávez, María de Escobar, fue desheredada a favor del arzobispo de Lima Gerónimo de Loayza, y se produjo una querella judicial, que terminó alrededor de 1571 cuando las autoridades coloniales decidieron fundar la reducción o pueblo de indios San Juan Bautista de Lurigancho.

Fernández Valle cita parte de la ordenanza del virrey Toledo que es muy esclarecedora respecto a la política de las reducciones, que ocasionó el desarraigo -y en muchos casos la desaparición- de gran parte de la población indígena: "Vine a tener evidencia que en ninguna manera los indios podían ser catequizados, doctrinados y enseñados, ni vivir en policía civil y cristiana mientras estuvieran en poblados que estaban en las punas, guaicos y quebradas y en los montes y cerros donde estaban repartidos y escondidos (...), donde como he referido no podían entrar los clérigos ni religiosos a adoctrinarlos, ni haber fruto ninguno en ellos". (p. 133).

Entonces, la población indígena fue agrupada en pequeñas ciudades hechas a la usanza europea, con plaza de armas, iglesia, casas aledañas en orden de importancia, y tierras de cultivo en las afueras. Un documento de 1619, citado en el libro, describe la reducción de San Juan de Lurigancho de la siguiente manera: "Tiene 120 indios de confesión hombres y mujeres. Tiene 7 chacras circulares y en ellas 130 neros, algunos casados. Abra en dichas chacras hasta 12 españoles dueños y mayordomos dellas".

La escasez de la población indígena es notoria y es incluso superada por los esclavos. Un presagio de lo que vendrá después: "Los ruricancho como cultura desaparecen en el siglo XVII", dice Juan Fernández Valle, quien ensaya la siguiente explicación para el fin de la comunidad: "Es probable que gran parte de la población oriunda muriera durante las guerras civiles entre los conquistadores, pues los dos bandos usaron a los indígenas como carne de cañón; también las reducciones significaron para ellos un cambio drástico en su alimentación y en sus costumbres y si a ello sumamos las epidemias y enfermedades nos daremos cuenta del porqué de la muerte de poblaciones enteras entre los siglos XVI y XVII".

Además, los indígenas que quedaron en la zona se vieron obligados a vender sus tierras a los funcionarios coloniales y las órdenes religiosas, que las convirtieron en haciendas.

Como dice el historiador, la migración parece ser el signo ancestral de una de las zonas más pobladas del país, un sello de identidad que no es del siglo XX sino de ochocientos años atrás. Una Lima prehispánica donde todavía quedan muchos aspectos por investigar, y este libro es solo una contribución a ese esclarecimiento.

07/08/2007

PABLO DE OLAVIDE


Pablo de Olavide es el peruano más reconocido en la historia de España, tanto que una prestigiosa universidad de Sevilla lleva su nombre. En nuestro país es casi un desconocido, a pesar de haber sido el único peruano que gozó de la admiración y la amistad de grandes sabios del siglo XVIII como Voltaire, Diderot y d'Alembert. También fue condecorado como Ciudadano de Honor por el gobierno de Maximiliano Robespierre. A continuación una breve semblanza de su intensa biografía.

Nació en Lima en 1725, en el seno de una familia acomodada económica y socialmente. Dueño de una inteligencia precoz se convirtió en Licenciado y Doctor en Teología por la Universidad de San Marcos, a los 15 años, y respaldado por influyentes familiares y maestros llegó a ser juez de la Real Audiencia de Lima a los 20 años. Después del terremoto de 1746 se envolvió en deudas y juicios que lo llevaron a huir para hacer una nueva vida en España, a donde llegó en 1750. Antes de los 30 años se casó con una acaudalada viuda de 50 años y reactivó sus negocios; esto le permitió viajar por casi todos los países de Europa entre 1757 y 1765. Estando en Francia se alimentó de las fuentes de la ilustración y el racionalismo. Sus dotes intelectuales le permitieron contactar con varios autores de la famosa Enciclopedia, incluso fue hospedado por Voltaire en su famosa residencia de "Les Délices".

Regresó a España cargado de cientos de libros de filosofía, política y ciencia del Siglo de las Luces, muchos de ellos prohibidos por la Inquisición. Siguió adquiriéndolos y el Santo Oficio en 1768 detectó la adquisición de 29 cajas de libros franceses, con un total de 2.400 volúmenes, por lo que empezó a ser hostilizado por los implacables inquisidores.

Después de la expulsión de los jesuitas, en 1767, fue llamado para asesorar al Conde de Aranda, el poderoso ministro ilustrado del Rey Carlos III. Luego hizo un excelente trabajo como Director del Hospicio de Madrid, Intendente de Andalucía y Asistente de la Ciudad de Sevilla. Es recordado por su excelente administración, su política a favor de la salud y su protección de la ciencia, el arte y las humanidades. Sin embargo también tenía enemigos. En 1775 la Santa Inquisición lo enjuició formalmente. El clero no le perdonó haber expulsado a los sacerdotes de las cátedras universitarias. En la sentencia de 1778 se le condenó al exilio por "hereje, infame y miembro podrido de la Religión".

Vivió en Francia desde 1779 hasta 1796. Fue bien recibido por sus admiradores, entre ellos Voltaire quien le dijo personalmente: "Vos y cuarenta como vos necesita España". Fue testigo del estallido de la Revolución Francesa en 1789. Al inicio fue tratado con respeto, sin embargo, en 1794, en los convulsos meses del Gobierno del Terror fue acusado de conspirar con la nobleza y estuvo encarcelado durante nueve meses con riesgo de ser guillotinado. Afortunadamente fue liberado y el rey Carlos IV de España le permitió regresar a Andalucía donde falleció en 1803.


RAFAEL LARCO HOYLE, EL PIONERO.

Revista Rumbos

Rafael Larco Hoyle nació el 18 de mayo de 1901, en la Hacienda Chiclín, en el histórico valle de chicama, en las proximidades de Trujillo, Perú. Fue hijo del hacendado y filántropo Rafael Larco Herrera y de doña Esther Hoyle de Larco. Realizó su educación primaria en Trujillo y la secundaria en los Estados Unidos. En 1919 ingresó a la Universidad de Cornell para cursar estudios de Agricultura. En 1924 se graduó en finanzas por la Universidad de Nueva York.

Volvió al Perú en 1923, y al año siguiente su interés por la arqueología floreció como resultado de la influencia de su padre. Dirigió la Hacienda Chiclín, propiedad de la familia, desde 1925 hasta 1956. Desde entonces se dedicó con ahínco a adquirir colecciones arqueológicas, pero al mismo tiempo empezó extensas excavaciones y exploraciones en valles y laderas del valle Virú y sus alrededores como la quebrada de Cupisnique. Este trabajo de campo se convirtió en un asunto familiar pues todos los miembros del clan mostraron el mismo interés y amor que se necesitaba para formar lo que sería a la postre la colección del museo.

En el lapso de cuarenta años hizo muchos e importantes descubrimientos y trabajos arqueológicos que son verdaderos aportes, habiéndose divulgado sus investigaciones en veintiún libros que fueron declarados Obras Culturales de Interés Nacional. Pionero de la arqueología peruana, a él se debe el descubrimiento de las culturas Cupisnique, Virú y Salinar. Rafael Larco Hoyle fundó en 1926, en la Hacienda Chelín, el Museo Rafael Larco que en la actualidad resguarda la obra científica de su fundador, reuniendo aproximadamente 45 mil piezas arqueológicas de todas las épocas y culturas precolombinas peruanas. Desde 1960 permanece abierto al público en Lima, en una hermosa casona colonial.

03/08/2007

LA BATALLA DE AYACUCHO


RESEÑA DE LA BATALLA DE AYACUCHO
Percy Cayo Córdoba

Ayacucho fue escenario de la victoria final en la lucha por la independencia. En la mañana del 9 de diciembre de 1824 las tropas realistas al mando del virrey La Serna, y las patriotas, al mando de Sucre, se encontraron en la pampa de Quinua, a unos 12 kilómetros de Huamanga.

Fueron los realistas quienes iniciaron la lucha, que se prolongó por varias horas. La mejor disposición del ejército patriota y su pericia en el terreno fueron decisivas para revertir la ofensiva realista y alcanzar la victoria. Cerca de las dos de la tarde, cuando el número de muertos y heridos superaba los 2.500, la batalla legó a su fin.

Casi de inmediato, vencedores y vencidos concertaron la firma de la capitulación en el mismo campo de batalla. Asistieron al acto el general José de Canterac- el virrey había sido herido y hecho prisionero- y el general Antonio José de Sucre. Este documento puso término a siglos de dominación española, reconoció la independencia del Perú y garantizó la desocupación de los territorios ocupados por los realistas, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la historia

Fotos, ilustraciones, dibujos, gráficos, imágenes, pinturas de la Batalla de Ayacucho.

LA BATALLA DE JUNÍN

Percy Cayo Córdoba

A comienzos de 1824, los realistas mantenían el control de la sierra central y el sur del Perú. En esas circunstancias, el ejército libertador, bajo el mando de Simón Bolívar, decidió marchar, a inicios de julio, hacia Huánuco y Cerro de Pasco, para enfrentar a las tropas dirigidas por el general José de Canterac. El encuentro tuvo lugar en las pampas de Chacamarca, cerca de Junín, el atardecer del 6 de agosto. La caballería española, al divisar a los escuadrones patriotas, se lanzó sobre ellos. La lucha fue feroz, a pesar de lo cual no se oyó un disparo: solo el ruido de los sables y de las bayonetas se dejó escuchar durante casi una hora. Cuando los realistas pensaban que la victoria ella suya, se dispersaron, pero fueron sorprendidos por un batallón del regimiento conocido como Húsares del Perú, al mando del general Guillermo Miller. Esa acción inclinó la batalla a favor de los patriotas; los realistas huyeron, dejando cerca de 250 muertos y un centenar de prisioneros. El triunfo en Junín fue la primera gran victoria de la campaña por la independencia del Perú.

BIOGRAFÍA DE SIMÓN BOLÍVAR

Imagen de Simón Bolivar. Foto: Archivo Life.

Autor: Percy Cayo Córdoba

Destacado militar y estadista, Simón Bolívar es sin duda una de las más grandes figuras de la historia americana. Sus dotes de estratega contribuyeron de manera decisiva para conseguir la libertad de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Bolivia y Perú del domino español.

Nacido el 24 de julio de 1783 en Caracas, perdió a sus padres a temprana edad. A los 16 años, su tutor, Simón Rodríguez, lo envió a Europa, donde completó su instrucción.

A su regreso se unió al movimiento patriota que tomó Caracas, en 1810, y asumió un activo papel en la vida política como miembro de la Sociedad Patriótica que impulsó la independencia de Venezuela. Esta sería consolidada en 1813. Bolívar recibió el título de Libertador, abocándose entonces a la suprema tarea de la emancipación americana.

Tras un periodo en el exilio, en 1817 volvió al continente y se unió a la lucha por la independencia de Nueva Granada, que aseguró tras la batalla de Boyacá, el 6 de agosto de 1819. Luego de esta victoria proclamó la República de Colombia. En septiembre de 1823 llegó al Callao, y días después, por decisión del Congreso, asumió la conducción de la etapa final de lucha libertaria del Perú, que concluyó con los triunfos de Junín y Ayacucho en 1824. Meses después, dictó un decreto a favor de la creación de un nuevo Estado que, en su homenaje, es llamado Bolivia, separando el Alto Perú del antiguo Virreinato.

El Libertador murió el 17 de diciembre de 1830 en Santa Martha, Colombia.

BIOGRAFÍA DE DON JOSÉ DE SAN MARTÍN

Don José de San Martín.
Dibujo: Nestor Taylor.

Breve biografía de don José de San Martín


Autor: Percy Cayo Córdoba

Nació en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, Argentina, el 25 de febrero de 1778. Don José de San Martín es una figura central de la emancipación americana. Sin embargo, fue en España-país al que viajó con sus padres a los 8 años- donde se inició en la vida militar, participando en la lucha contra las fuerzas napoleónicas.

En Cádiz, San Martín entró en contacto con militares americanos favorables a la causa de la independencia, lo que lo llevó a renunciar a su carrera militar en la península. A su regreso a Buenos Aires obtuvo el grado de teniente coronel y la misión de organizar un regimiento: el de los Granaderos a Caballo.

Hacia 1815 se abocó a preparar el ejército con el que atravesó los Andes e inició la lucha por la liberación de Chile, que consiguió tras las victorias de Chacabuco (1817) y Maipú (1818). Logrando este objetivo, solicitó al gobierno argentino ayuda para formar la expedición libertadora del Perú. Con 4,000 hombres partió de Valparaíso en agosto de 1820, y el 28 de julio de 1821 proclamó la Independencia del Perú, asumiendo el cargo de Protector de la naciente República. Luego de su entrevista con Bolívar en Guayaquil en 1822, abandonó el Perú para facilitar la acción de las fuerzas bolivarianas.

Cumplida su misión libertadora, se retiro de la escena política y viajó a Europa, donde vivió el resto de sus días hasta su muerte en Boulogne Sur Mer (Francia), el 17 de agosto de 1850.